Un amigo me regaló una ramita de menta diciendo: “Ponla en una maceta, crece sola”. Pensé que exageraba, pero lo hice. Hoy esa ramita se convirtió en una planta que invade medio alféizar, y yo feliz porque nunca falta menta para mis infusiones y mojitos.
Menta fresca en casa sin ser jardinera experta
La menta es de las plantas más agradecidas. Crece rápido, huele bien y apenas pide cuidados. Si tienes un rincón con luz, ya tienes medio trabajo hecho.
1. Elige una maceta ancha: La menta se expande, así que dale espacio. Si usas una maceta pequeña, acabará pidiendo mudanza.
2. Tierra ligera y húmeda: No necesita nada especial, pero sí le gusta que el sustrato no se seque del todo. Riégala cuando notes la tierra seca al tacto.
3. Luz indirecta: Colócala cerca de una ventana luminosa, pero sin sol directo que queme las hojas.
4. Corta y usa: Si quieres que crezca más frondosa, corta las puntas de vez en cuando. Y de paso, úsalas para té, postres o lo que se te ocurra.
5. Maceta aparte: Si algún día decides plantarla en el jardín, hazlo en su propio espacio porque invade todo. Es simpática, pero un poco invasora.
Yo ahora entro a la cocina y el aroma a menta me despierta mejor que el café. Y lo mejor: siempre tengo hojas frescas sin gastar en el súper.
Si quieres una planta fácil, bonita y útil, la menta es la respuesta. Pruébala y verás que en poco tiempo tendrás más hojas de las que puedes usar.

Clara Méndez es una apasionada de los remedios naturales, la jardinería urbana y los trucos caseros que facilitan la vida. Con más de 10 años explorando soluciones simples y efectivas, comparte en Life Daily Tips ideas prácticas para vivir mejor cada día.





